Si has comprado una bicicleta eléctrica y esperabas una autonomía de 80 o 100 km, pero en realidad solo alcanzas 50 o 60 km, no eres el único. Es una de las decepciones más habituales entre los nuevos usuarios, pero no significa que la bicicleta tenga algún problema. Simplemente significa que la autonomía indicada no se corresponde con las condiciones reales.
La verdad es bastante sencilla. La autonomía que indican los fabricantes es el resultado máximo en condiciones ideales. Y esas condiciones prácticamente nunca se dan en el día a día.
Las pruebas suelen realizarse con un ciclista ligero, en un recorrido llano, sin viento, a una velocidad baja y constante y en el modo de asistencia más bajo. En cuanto cambia alguno de estos factores, la autonomía disminuye.
Cuando lees «hasta 100 km», las palabras «hasta» son decisivas. No es una garantía, sino un valor máximo teórico.
En el día a día hay semáforos, pendientes, viento en contra, distintas velocidades y, a menudo, peso adicional. Todo ello influye directamente en el consumo de energía.
En la práctica, la mayoría de los ciclistas alcanzan entre un 60 % y un 75 % de la autonomía indicada. Es completamente normal.
El modo de asistencia es el factor que más influye. Cuanto mayor es la asistencia, más energía consume el motor. Si circulas constantemente en el modo más alto, la batería se descarga mucho más rápido que en el modo Eco.
El peso del ciclista y la carga adicional también tienen una gran influencia. Más peso significa más trabajo para el motor y, por tanto, menos autonomía.
El terreno lo cambia todo. Los recorridos llanos son eficientes, mientras que las pendientes requieren mucha más energía. Incluso las pequeñas subidas se van acumulando a lo largo de recorridos largos.
La velocidad y la forma de conducir también son decisivas. Cuanto más rápido circulas, mayor es la resistencia del aire. Acelerar y frenar con frecuencia aumenta aún más el consumo.
Tampoco hay que subestimar el tiempo. El viento en contra actúa como una pendiente invisible, y las bajas temperaturas reducen la eficiencia de la batería.
Incluso pequeños detalles como la presión de los neumáticos influyen. Una presión demasiado baja aumenta la resistencia a la rodadura y, con ello, el consumo de energía.
Lo más importante es esto: la autonomía no es un valor fijo. Depende de cómo utilices la energía.
La capacidad de la batería se mide en Wh (vatios hora) e indica cuánta energía hay disponible. La distancia que puedes recorrer depende de lo rápido que consumas esa energía.
Una regla práctica sencilla consiste en restar entre un 25 % y un 40 % a la autonomía indicada para obtener una estimación realista.
Si quieres acercarte al valor máximo, utiliza un nivel de asistencia bajo, mantén una velocidad constante, evita el peso innecesario y presta atención al mantenimiento de tu bicicleta.
Al final, la autonomía no es lo que pone sobre el papel, sino el resultado de tu forma de conducir.